jueves, 3 de noviembre de 2011
Wovenhand: la llamada de la tierra (2 de diciembre de 2010)
"Wovenhand suenan diferente a casi todo. La suya es una música indomésticable, primaria, terriblemente oscura y difícilmente asociable a un momento o un lugar. Parece surgida de las montañas de Colorado, su lugar de origen, nacida entre la inhóspita aridez del suelo rocoso, como una hierba mil veces extinguida y mil veces renacida. Sobre uno o dos acordes tocados de forma obsesiva construyen miles de detalles, una maraña de sonidos que envuelve la chamánica voz de Edwards en un alarde de intensidad contenida e hipnótica."
"Es música muy personal que se resiste a la clasificación, creada a partir de la unión del country alternativo, el post punk, el folk o los cantos tradicionales nativos americanos. Se le pueden sacar referentes, aunque ninguno determinante. En el lado más evidente estaría el aspecto más rural de Mark Lanegan o el más tenebroso de Nick Cave, pero también se perciben retazos de la Velvet Underground, las bandas británicas más oscuras de los 80 y una especie de neofolk industrial (por llamarlo de alguna forma delirante) que parece maldecir a todos las bandas adscritas a la absurda etiqueta de “americana”."
Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes leer el artículo completo.
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lunes, 31 de octubre de 2011
Andrzej Olejniczak & Apertus String Quartet - Different Choice (2011)
Recupero aquí mi reseña sobre el mismo, publicada en el número de junio de la revista MondoSonoro:

"El saxofonista Andrzej Olejniczak, afincado en Bilbao desde hace dos décadas, es también uno de los principales especialistas de su instrumento en España y, si me apuran, en Europa.
Y es que, grabar acompañándose exclusivamente de un cuarteto de cuerdas, sin perder un ápice de convicción, no es algo que pueda hacer cualquiera.
Different Choice está a medio camino entre la música de cámara y el jazz pero, como todo gran disco, se define por sí mismo."
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jueves, 27 de octubre de 2011
Marianne Faithfull - Sala BBK (Bilbao, 5 de abril de 2011)
"Un pequeño fallo de organización provocó que el de Bilbao fuese el único concierto de Marianne Faithfull en el estado. Este hecho convirtió el evento en algo más especial, si cabe. La flor y nata del rock bilbaíno –más flor y nata que nunca– abarrotaba la sala BBK, esperando presenciar algo especial, y lo fue, sí, pero también hubo una larga lista de “peros” que emergieron durante el concierto.
Ya el principio fue un tanto desastroso: el sonido era estridente y muy agresivo para un recinto de esas características y un desafortunado ventilador situado frente a Faithfull le provocó molestias durante un buen rato, hasta que pidió que lo apagasen.
Los primeros temas sirvieron para presentar el nuevo disco de la cantante, Horses and High Heels. Tras un desconcentrado “Why Did We Have To Part” nos temimos lo peor, ya que en “Back In Baby’s Arms” Faithfull llegó a olvidar la letra por un instante, pero en “The Stations” (el tema de los Gutter Twins que abre Saturnalia) la cosa empezó a coger pulso. A partir de ahí todo fue según lo esperado.
“Sister Morphine”, “Broken English”, “As Tear Goes By” y “Working Class Hero” hicieron estallar al público, que acabo el concierto con ovación y recibió a cambio un glorioso “Strange Weather” íntimo y acústico.
Aparte de algunos momentos del guitarrista Doug Pettibone, la atención recayó exclusivamente sobre Faithfull y su voz arrastrada y quebradiza. La cantante tiene esas cosas tan especiales y tan raras de ver llamadas personalidad y carácter, así que, al final, los “peros” son lo de menos."
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lunes, 24 de octubre de 2011
Jochen Rueckert - Somewhere Meeting Nobody (2011)
"Han pasado más de diez años de la publicación del primero, y hasta ahora único, disco de Jochen Rueckert como líder, Introduction (Jazzline, 1998). Aquel resultó tan sorprendentemente bueno que su nuevo álbum parece un pelín soso a su lado. Y no es que esté mal, ni mucho menos. La formación es excelente y está bien ensamblada, con un Mark Turner más personal y reconocible que en otras ocasiones y la solidez del fabuloso Brad Shepik, guitarrista nunca bien ponderado en el mundo del jazz."

"La excelente producción revela perfectamente el acompañamiento de Matt Penman, muy inspirado a lo largo de toda la grabación, y los sutiles matices y acentos del líder, que denotan su atención e implicación. El problema es que al conjunto del disco le falta algo de dinámica, o un punto más de tensión para que la cosa se venga arriba de cuando en cuando.Digamos que todo está entre bien y muy bien, pero no hay picos, ni hacia arriba, ni hacia abajo. Buenos músicos, buenas improvisaciones y un papel estelar del líder, que acompaña como pocos. Ni más, ni menos."
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martes, 18 de octubre de 2011
Brian Blade & The Fellowship Band - Season Of Changes (2008)
Season Of Changes, su última grabación con esta banda, es una muestra perfecta de su particular caleidoscopio musical, que parte del jazz para dejarse infectar por mucho otros sonidos.

Kurt Rosenwinkel y Myron Walden están extraordinarios, aunque los menos conocidos Melvin Butler y Jon Cowherd no se quedan atrás. Completan la banda Chris Thomas, viejo conocido de Blade, y éste último.
En este momento particular de mi vida -que podría definir con el título del álbum- he vuelto sobre este disco para redescubrir que me encanta. Y no sólo por motivos personales.
martes, 11 de octubre de 2011
Pero, ¿todavía quedan tiendas de discos? (16 de abril de 2011)
Pero, ¿todavía quedan tiendas de discos?
Por: Yahvé M. de la Cavada
Nunca me han gustado los eventos del tipo “el día de”. Siempre acaban pareciéndome reduccionistas y condescendientes, como si estuviesen diseñados para saldar una supuesta deuda social con la minoría o colectivo que toque en cada momento. Celebrar “el día” de algo provoca automáticamente la sensación de tachar una tarea del cuaderno de deberes hasta el año que viene. La intención original, muy probablemente, no es esa, sino agitar a la ciudadanía en busca de compromiso, colaboración o, en última instancia, comprensión. Sobre el papel, fantástico.
Pero esas fechas dejan en evidencia a una sociedad que presume de moderna y avanzada, para después señalar en el calendario un día (¡uno!) con obviedades como que la mujer trabaja y debería hacerlo bajo las mismas condiciones que el hombre, que los homosexuales tienen (o deberían tener) los mismos derechos y deberes que cualquier ciudadano o que el hambre en el tercer mundo es una vergüenza para el primero. Esos días, que atraen sus sujetos a la prensa durante unas horas, son una pátina de compromiso para el viandante que sólo quiere trabajar, consumir, ver la tele y que le dejen en paz. El día de “X”, pegatina en la solapa, un enlace en Facebook, unos minutos de charla durante el café, y a otra cosa.
Todo esto viene a algo mucho menos trascendente que lo mencionado anteriormente, así que, perdonen el atisbo de comparación, porque no pretendía ser tal. La cuestión es que hoy se celebra por primera vez en España el Record Store Day, un evento mundial promovido por tiendas de discos independientes de todo el mundo, en general, y de Europa y EE.UU. en particular. Esta celebración no es más que una pequeña mano agitándose entre la multitud en busca de atención, frente a un mundo que, cada día más, se pregunta: “pero, ¿todavía hay tiendas de discos?”.
Las hay, cada vez menos, pero las hay. Ahora son pequeños oasis para aficionados muy concretos y muy poco numerosos: los que compran música. Para ser exactos, hay que decir que, tal y como ocurre con los libros, cómics y películas (DVDs, Blu-Ray, etc), donde realmente se venden es en almacenes y grandes superficies. La sociedad española está copiando lo peor de los hábitos de consumo americanos y evitando lo mejor, esto es, el respeto y apoyo a los negocios independientes. La figura de la librería ha desaparecido en prácticamente todas las ciudades de nuestro país, dejándonos a merced de grandes cadenas y supermercados del ocio. La librería especializada sobrevive a duras penas porque su producto, y su cliente, son mucho más específicos que el de la literatura general o el cine. Pero la tienda de discos es otra cosa.
Es el comercio tradicional más afectado por la piratería (al fin y al cabo, nunca hubo muchas tiendas centradas exclusivamente en la venta de películas) y el elemento de la industria más ninguneado. El defensor férreo de la música libre en Internet tiende a olvidar la tienda porque, aparentemente, es un organismo obsoleto en la comercialización musical del siglo XXI. Su función está directamente relacionada con la vigencia de los formatos físicos, y todos sabemos cómo está ese asunto. Así que, si nadie (la nueva forma de decir “muy poca gente”) compra discos físicos, y las tiendas parecen pertenecer al siglo pasado, ¿qué sentido tiene hacer un día de la tienda de discos? ¿No viene a ser como celebrar el día del radiocasete?
Lo que intentan los implicados en el Record Store Day es captar un poco de atención sobre su maltratado y diezmado sector, ahora reducido a coleccionistas, modernos, frikis (en el mejor sentido de la palabra) y un tipo de cliente romántico que se aferra al formato físico como parte de su identidad musical. El lema de la iniciativa, ampliado mediante decenas de declaraciones de músicos y personalidades de la industria, colgados en la web oficial del evento, se puede resumir en estas palabras: “apoya a tu tienda de discos; comprar discos, viéndolos, tocándolos, es un acto que da otra dimensión a la música; es orgánico, es real y, además, está (casi) de moda”. Pero estos argumentos no tienen pinta de ir a convencer nadie más que a los ya convencidos, que serán quienes celebren, a la postre, el Record Store Day.
Lo más significativo del evento es la aparición de multitud de ediciones limitadas en vinilo (7’’, EPs, LPs) a cargo de tiendas y adheridos que las venderán exclusivamente en tienda física, con el compromiso de evitar que se especule con ellas en Internet u otras plataformas. Dichas ediciones tienen el objetivo de atraer público a las tiendas en busca de un producto especial y exclusivo. Sin embargo, hoy en día, ¿no podríamos considerar especial y exclusivo la propia existencia del disco físico? En una semana en la que muchos usuarios se lamentan de que Spotify limite su oferta gratuita (rasgándose las vestiduras ante la posibilidad de desembolsar diez euros mensuales por su versión Premium) es difícil creer que la gente empezará a transitar las tiendas de discos otra vez. Por eso el Record Store Day y sus ediciones limitadas ahondan, seguramente sin pretenderlo, en ese malditismo al que se ha visto abocado el sector en los últimos tiempos. Hecho por unos pocos y dirigido a unos pocos. Exclusivos y marginales, las dos caras de una misma moneda.
El balance no sólo no es positivo, sino completamente descorazonador. Aún siendo empresas con fines comerciales, las tiendas son a la música lo que las salas al cine. Han sido –son– los lugares, los puntos de encuentro, las fuentes originales de la creatividad musical envasada. Y se merecen, como poco, un poco de respeto y una oportunidad. El Record Store Day tiene su punto, de eso no hay duda, y es positivo que por fin se haga en España. Pero lo importante es que no llegue el día en el que la gente se pregunte “¿te acuerdas de cuando había cines y tiendas de discos?”.
Así que, comete una locura. Vete a una tienda independiente y compra un disco. Una vez al año no hace daño, dicen.
Yahvé M. de la Cavada, 2011
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miércoles, 5 de octubre de 2011
Charles Mingus - The Complete 1960 Nat Hentoff Sessions (1960)
"Las grabaciones que Mingus hizo para el sello Candid siempre han sido consideradas, hasta cierto punto, una obra menor. Su situación cronológica, su aspecto circunstancial y la forma en la que el sello desperdigó sesiones en diferentes álbumes son un peso que dejan a este material en evidencia frente a sus etapas en Columbia y Atlantic.
Las dos sesiones contenidas en este triple cedé sirvieron para llenar casi cinco discos: Charles Mingus Presents Charles Mingus, Mysterious Blues, Mingus y Reincarnation of a Love Bird (a nombre del contrabajista) y el colectivo Newport Rebels, que se completó con dos temas grabados por un All-Stars de músicos cabreados por la política del festival de Newport (cómo ha cambiado todo, ¿eh?). Esos dos temas están incluidos en el segundo CD de esta edición, para así completar el material editado originalmente en Newport Rebels. El resto es una sospechosa copia de la caja que sacó Mosaic en 1989 bajo el nombre The Complete Candid Recordings of Charles Mingus, ahora renombrado como The Complete 1960 Nat Hentoff Sessions.

Fue Hentoff, efectivamente, quien invitó a grabar al contrabajista en ese pequeño sello, ofreciéndole libertad creativa absoluta. Mingus había tocado unos meses antes en el festival de Antibes (años después Atlantic editaría esa actuación, que sigue siendo uno de los directos más importantes de la historia), demostrando que, si algo necesitaba, era libertad.
La primera sesión para Candid reunió a un cuarteto formado por Eric Dolphy, Ted Curson, Mingus y su inseparable Dannie Richmond, y produjo Charles Mingus Presents Charles Mingus, un álbum que, de haberse grabado un año antes, podría haber sido el cuarto elemento de ese triunvirato Kind of Blue-Giant Steps-The Shape of Jazz to Come que dio la vuelta al jazz en 1959. Sólo por mantener esa grabación en el mercado, ya merece la pena alabar esta edición.
El resto de material es excelente también, con menos altibajos de lo habitual en cualquier integral. Esta música es reflejo de una época en la que el jazz se revolvía, moviéndose hacia delante y negándose a soltar el pasado. Mingus mantenía un pie en la vanguardia y otro en Ellington, Parker o Monk, siempre honesto, siempre desafiante.
La leyenda dice que Jo Jones amonestó en su momento a Charlie Parker por su forma de tocar. Veinte años después, Mingus puso a tocar a Jones junto Eric Dolphy, añadiendo a Roy Eldridge a esa imposible fórmula. Y funcionó, vaya si funcionó. "
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sábado, 1 de octubre de 2011
Alon Nechushtan - Words Beyond (2011)
"¿Cuántos tríos como este puede haber en Nueva York? La ciudad alberga la mayor agrupación de músicos de jazz del mundo, de todos los gustos y colores, lo que implica que haya más oferta que en ningún otro sitio y, que probablemente, sea mejor. Por otro lado, ese tipo de aglomeraciones también albergan multitud de formaciones intrascendentes y reiterativas, diferentes versiones de propuestas muy similares, desarrolladas por músicos que se mueven en los mismos ambientes. El nivel medio es alto con respecto a otras zonas geográficas pero, en Nueva York se aspira, sobre todo, a ser uno más."

"Con Words Beyond es imposible de saberlo con certeza, puesto que, en definitiva, es un buen disco de un trío neoyorquino estándar. En España serían la repanocha; allí, un buen grupo. Si Nechushtan será un grande, o uno más en la capital jazzística del mundo, es algo que iremos viendo en sus próximos registros. De momento, nos quedamos con el nombre y con un disco disfrutable."
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martes, 27 de septiembre de 2011
Cure - Wish (1992)
Volver sobre este tipo de grabaciones tiene cierto peligro, puesto que el tiempo puede ser bastante cruel con los recuerdos de uno. Con Wish no ocurre eso. Nunca he dejado de reescucharlo cada cierto tiempo y tampoco nunca me ha decepcionado.

Es lo que tienen los grandes discos, que el paso del tiempo no les afecta o, en el caso de hacerlo, no suele ser para mal. Y este un disco enorme.
En septiembre de 2011, 19 años después de escuchar Wish por primera vez, sigue sonandome tan acojonante como el primer día y sigue teniendo un pequeño hueco en mi vida.
Nota: pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).
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jueves, 22 de septiembre de 2011
Bruno Chevillon / Tim Berne - Old And Unwise (2010; ed. 2011)
Si existe un jazz contemporáneo, en el sentido más radical de la palabra, Berne es uno de sus abanderados. De hecho, lleva siéndolo casi tres décadas y, si hay algo que ha estado presente a lo largo de toda su carrera, es un compromiso con la libertad inédito para muchos otros.

Su dúo con el fabuloso contrabajista Bruno Chevillon trae a la mente discos tan destacables como este: Ornery People (a dúo con Michael Formanek) y el asombroso Cause & Reflect (a dúo con Hank Roberts). No hay mayor coincidencia aparte de la unión del saxo de Berne con las cuatro cuerdas del contrabajo (del chelo en el caso de Roberts) y que tanto el saxofonista como sus partenaires, prometen y entregan un repertorio impecable.
Suena tan crudo, dinámico y real como siempre, o sea, mucho. A no perdérselo.
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domingo, 18 de septiembre de 2011
Christian Scott - Yesterday You Said Tomorrow (2009)
Hace un mes, volví a escucharlo y me pareció excelente, una grabación más madura y redonda que lo editado por el trompetista hasta entonces. Lo disfruté enormemente, repitiendo más de un tema a pleno volumen.
La semana pasada, volví sobre él, a ver qué pasaba. Bien, sin engancharme tanto como en la anterior escucha, el disco mantiene un buen nivel. No tiene la visceralidad de Live At Newport pero es definitivamente más maduro que Rewind That y no peca del exceso de Anthem.

La música de Scott, aunque un tanto limitada, me suena cada vez más atractiva y personal, gracias a su forma de componer y a su particular (aunque no demasiado extenso) fraseo. El aire anárquico que envuelve a algunas piezas del trompetista me ha llegado a parecer un engorro, pero poco a poco he conseguido entrar en su juego.
Como el propio Scott, la música de Yesterday You Said Tomorrow es chulesca y su sonido muy del siglo XXI, lo que no es malo, ni mucho menos. Por otro lado, resulta dificil saber si dentro de unos años mantendrá vigencia o sonará pasado de fecha. Lo que sí sé es que, a día de hoy, el inicio de "K.K.P.D.", la excelente versión del "The Eraser" de Thom Yorke o "Angola, LA & The 13th Amendment", por ejemplo, suenan tremendas.
Nota: Hay una edición especial con un segundo CD incluído -llamado "Five For Freddie"- que contiene cinco temas íntimamente relacionados con Freddie Hubbard interpretados por el quinteto de Scott. Muy recomendable.
Nota 2: Pinchando en la portada puedes escuchar el disco en Spotify (según país de residencia).
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jueves, 15 de septiembre de 2011
Lee Konitz Meets Warne Marsh Again (1976)
Unas horas después, Ellery Eskelin comentaba en su página de Facebook que acababa de escuchar en directo a Konitz (presumiblemente en ese mismo show) y que se sentía muy inspirado. Como para no estarlo.

Mi reacción inevitable (mucho más doméstica) fue hurgar entre mis viejos LPs hasta encontrar y escuchar este directo del gran Konitz junto a Warne Marsh, grabado en el Ronnie Scott's de Londres en 1976. No es lo mismo pero, quien no se consuela, es porque no quiere.
El disco es fabuloso, como es natural. Konitz y Marsh siempre se entendieron muy bien en lo musical (no tanto en lo personal) y en los 70 seguían sonando genial. Junto a ellos, el batería Al Levitt y otro gran tristaniano, el contrabajista Peter Ind, completando el grupo.
El repertorio es muy clásico y predecible ("You Go To My Head", "All The Things You Are", etc), pero en manos de los músicos resulta completamente original. A destacar una versión de "Star Eyes" absolutamente sublime.
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martes, 13 de septiembre de 2011
Healing Force: The Songs Of Albert Ayler (2007)
De hecho, volvamos a la faena ya: ¿Conocéis este disco? Es un homenaje a Albert Ayler capitaneado por algunos músicos tan interesantes como poco conocidos, como Vinny Golia y Henry Kaiser, aunque el proyecto es completamente coral, e incluye a otras luminarias como Joe Morris (tanto a la guitarra como al contrabajo), Weasel Walter o la cantante Aurora Josephson, entre otros.

La música de Ayler está interpretada con respeto, pero también con la osadía de quien es dueño de su propio lenguaje. El resultado es libre, poco ortodoxo y terriblemente inspirador. Es complicado no dejarse cautivar por el disco.
A quienes visitais regularmente esta página, os pido disculpas por la desajustada y cedida frecuencia a la que me he ajustado en los últimos tiempos. Aquí seguimos, no obstante.
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domingo, 28 de agosto de 2011
Una de cal, dos de arena (David Binney + Kyle Eastwood + Nigel Kennedy, 35 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz, 13 de julio de 2011)
Una de cal, dos de arena
David Binney + Kyle Eastwood + Nigel Kennedy
35 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz
13 de julio de 2011
La sección que tiene lugar cada tarde en el Teatro Principal de Gasteiz se llama «Jazz del siglo XXI», un nombre un tanto osado para venir de un festival que reconoce abiertamente su conservadurismo. Aún así, cada año podemos encontrar un par de actuaciones programadas al abrigo de esta sección que merecen ese lema presidiendo la marquesina.
En la edición de 2011, tal vez nadie pueda lucir esa insignia con más orgullo que el saxofonista David Binney, figura imprescindible de la escena neoyorquina que, debido a su escasa popularidad en nuestro país, aún tiene que vérselas con el sambenito de «joven valor». El propio programa del festival le presenta como «uno de los jóvenes músicos de jazz más prolíficos de hoy en día», para después destacar como elementos significativos en su carrera un par de colaboraciones que poco tienen que ver con la trayectoria del saxofonista. Vamos, como si yo les hablo de Bob Dylan y lo único que menciono es que una vez tocó para el Papa.
Ya que uno no se puede fiar de los folletos promocionales, digamos, sin entrar en más detalles, que el «joven valor» (de 50 años de edad) es uno de los saxofonistas norteamericanos más importantes y avanzados de su generación. Su carrera siempre ha sido honesta y coherente, cimentada sobre sellos independientes, autoedición y el reconocimiento y admiración de músicos y crítica. Llegar al público mayoritario desde las trincheras del jazz es más complicado, aunque David Binney tiene la virtud de que, cuando uno le escucha por primera vez, enseguida toma nota de su nombre.
La música que interpretó en directo fue espontánea y con un alto nivel de exploración, basándose en ritmos y armonías muy complejas o muy sencillas, dependiendo del tema. Su mayor apoyo fue el fabuloso baterista Dan Weiss, aunque el auditorio también ovacionó generosamente al jovencísimo pianista John Escreet. En total, noventa minutos de jazz puro y moderno que satisfizo a los seguidores del saxofonista y que, muy probablemente, grabó su nombre en los cerebros de cada espectador no familiarizado con él.
Tras semejante muestra de jazz de élite, el doble programa que nos encontramos en Mendizorroza fue como conducir un coche por Australia: kilómetros y kilómetros de carretera en línea recta, sin giros, sin cambios en el paisaje y con el peligro acechante de dormirse al volante en cualquier momento. Los reclamos eran el nombre (más bien el apellido) de Kyle Eastwood y el excéntrico violinista clásico reciclado al jazz Nigel Kennedy, pero ninguno de los dos pudo impedir que el pabellón se quedase a poco más de la mitad de aforo.
Eastwood es un bajista y contrabajista muy competente que practica un jazz amable e inofensivo que podríamos calificar de light. Tanto él como su banda se defienden y, no sé, tocan bien, pero resultan tan tibios que no hay manera de engancharse a su música. Por mucho que algunos sectores de la prensa se esfuercen en mostrarle como algo independiente de su progenitor, si el chaval no se apellidase Eastwood su carrera nunca hubiese ido más allá del mero acompañamiento a músicos con algo más interesante que ofrecer.
Nigel Kennedy vivió un momento muy dulce en el mundo de la música clásica hace unos cuantos años, pero recientemente ha dado un giro hacia el jazz inexplicable desde el punto de vista económico (todo el mundo sabe que el jazz es una ruina) y en pos, con toda seguridad, de una afición personal. Muchos asocian el virtuosismo al jazz (como si fuese algo inherente al estilo, y nada más lejos), lo que no quiere decir que porque uno sea un virtuoso será un gran intérprete de jazz. Kennedy es un gran virtuoso, de eso no hay duda, pero en su concierto planteó una música que se apoyaba en ese hecho, sin contar con que ni sus intervenciones, ni su banda -plana y funcionarial-, tuvieron demasiada sustancia. Buenas intenciones, pero poco alma.
El alma se había quedado en el concierto de David Binney.
Yahvé M. de la Cavada, 2011
Nota: Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes ver la publicación original del texto en la web del periódico. Al final de la misma hay un texto promocional con lo que se podía ver el mismo día de la publicación, y que no está escrito por mí, por supuesto.
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sábado, 20 de agosto de 2011
Ayer, hoy y mañana (Michel Portal + Dr. Michael White + Trombone Shorty, 35 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz, 12 de julio de 2011)
Ayer, hoy y mañana
Michel Portal + Dr. Michel White & The Original Liberty Jazz Band + Trombone Shorty & Orleans Avenue
35 Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz
12 de julio de 2011
Así podríamos resumir lo vivido ayer en el 35 Festival de Jazz de Gasteiz, en tres conciertos que fueron del neoclasicismo radical de Michael White a la perenne modernidad de Michel Portal, con parada en la onda bailonga y actual de Trombone Shorty. Portal, hijo predilecto de Baiona y uno de los grandes del jazz europeo de todos los tiempos, no necesita mucha presentación. Su compromiso con el jazz y la música libre siempre ha ido por delante y es sabido que en un concierto suyo el riesgo, el buen gusto y la música de altura están garantizados.
En esta ocasión venía acompañado de un grupo de jóvenes estrellas del jazz (aunque falló el contrabajista Scott Colley) que lucieron tanto, o quizá más, que el propio líder. A saber: Bojan Zulfikarpasic, habitual de Portal, es desde hace años uno de los grandes del piano europeo, y Nasheet Waits demostró una vez más por qué algunos creemos que es uno de los mejores bateristas de jazz del mundo.
El joven Ambrose Akinmusire, excepcional a lo largo de todo el concierto, está llamado a convertirse en el trompetista de moda y, de hecho, más de un espectador iba a verle específicamente a él. Puestos a comentar, Portal estuvo algo más atinado con el clarinete bajo que con el saxo soprano; pero es un maestro, y eso se le nota en cada gesto. Nada que ver con lo que vino después.
En Mendizorrotza nos encontramos con dos propuestas salidas de Nueva Orleans, ambas muy diferentes. Complementarias o antagónicas, eso depende del oído con el que se escuchen. Abrió la velada el grupo del clarinetista Michael White, habitual del festival en otros escenarios, normalmente gratuitos y, tal vez, menos exigentes. White es una figura importante y recurrente en lo suyo, aunque quizá más por estar que por ser. Me explico: es amigo de la familia Marsalis y su nombre se oye constantemente entre los revivalistas del dixieland y el jazz tradicional de su ciudad, pero, en realidad, ni es un gran clarinetista ni un músico sobresaliente.
Su mayor virtud radica en su origen, en que, mejor o peor, es un neorleanés de pura cepa y su música es genuina y real. Nadie puede transmitirla con más convicción que él, porque lleva siendo parte de su vida desde su infancia. Eso le convierte en embajador musical de excepción, pero no necesariamente en un tipo genial.
Su concierto en el festival fue tan ortodoxo que en seguida se volvió ligeramente plomizo. Por supuesto, es virtualmente imposible alcanzar el nivel de clásicos como Louis Armstrong, Sidney Bechet, Kid Ory o Johnny Dodds, pero esa música se puede tocar con algo más de gracia y entrega a cómo lo hace el grupo de Michael White.
El joven Trombone Shorty, afincado también en Nueva Orleans, parte de un concepto musical muy diferente. Es trombonista, trompetista y cantante, y predica una diversidad musical amplia, que luego no lo es tanto, aunque mucho más que la de su predecesor en Mendizorroza.
Su terreno natural parece el funk jazzificado, y en varios momentos de su actuación vino a la cabeza -salvando las distancias- la música de Defunkt, el fabuloso grupo que formó hace treinta años el también trombonista (y hermano de Lester Bowie, del Art Ensemble Of Chicago) Joseph Bowie. Vamos, que lo que hace Trombone Shorty no es el colmo de la originalidad, pero funciona. El joven demostró ser un gran instrumentista y dominar el escenario en un show que, si bien algo reiterativo, resultó bastante más exitoso y animado que el de Michael White.
También hubo coincidencias, porque las raíces no perdonan: ambos grupos tocaron el clásico «St. James Infirmary» (el primero desde la tradición y el segundo, con aires latinos) y también ambos citaron al gran Cab Calloway para hacer cantar al público. Y es que, el protocolo del show es inquebrantable.
Yahvé M. de la Cavada, 2011
Nota: Pinchando AQUÍ o en la imagen puedes ver la publicación original del texto en la web del periódico. Al final de la misma hay un texto promocional con lo que se podía ver el mismo día de la publicación, y que no está escrito por mí, por supuesto.
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